Publicado: noviembre 29, 2025, 9:30 am
Como en cada edición del programa, La isla de las tentaciones nos regala momentos tan entretenidos como descorazonadores. Y es que esta semana, Almudena Porras, una de las concursantes, rompía a llorar llegando incluso a emocionar a las espectadoras al otro lado de la pantalla. Por lo que se pudo leer en redes sociales, su dolor no solo traspasó fronteras, sino que requirió que fuera atendida por los servicios médicos.
Antes de una de las hogueras más fatídicas en la historia del programa, Almudena y Darío empezaban su experiencia en República Dominicana mostrándose como una de las parejas más fuertes y consolidadas. Se conocieron de adolescentes cuando tenían 15 y 14 años respectivamente, en una fiesta en Málaga. Desde entonces se volvieron inseparables.
Con 11 años de relación a sus espaldas, contaban que iban a la isla para que Almudena lograra quitarse los celos y la dependencia hacia Darío. Un paso que, según ellos, sería la prueba definitiva para empezar a planear su boda y plantearse aumentar la familia.
Sin embargo, mientras Almudena convencida de que su historia resistiría los desafíos de la separación en dos villas llenas de gente soltera, la decisión de su pareja fue la de acercarse a una de las tentadoras, Cristina, y besarse con ella tapados con un cojín para que no se grabaran las imágenes de la evidencia.
Poco antes de ver ese momento, que el programa guardó para la tanda final de imágenes, Almudena revelaba a Sandra que el plan que tenía con Darío desde el principio, era demostrarle a España que todavía existían «amores como los de antes». Sin embargo, en el momento de ver la cercanía y complicidad entre ellos, la concursante se iba desmoronando física y emocionalmente.
No es televisión, es dolor real
«He llorado viendo esta hoguera, me ha roto verla así», «Yo aquí llorando con Almudena», «Almudena me partió el alma completa», fueron algunos de los comentarios que se podían leer en el clip de la hoguera del perfil de Instagram del programa. De hecho, al poco tiempo de pasar a otra compañera, a la andaluza le empezó a costar respirar con normalidad y tuvo que ser atendida por el equipo médico del programa.
La suya fue una reacción ansiosa que lleva a que el cuerpo no distinga entre un peligro real y uno provocado por las emociones, porque el sistema nervioso responde como si estuviera ante una amenaza. Ese dolor por sentir que su corazón se rompía que transmitió la concursante es un dolor real. La descarga de adrenalina y cortisol, por la activación del sistema de alerta, hace que se acelere el pulso, el pecho se contraiga y provoca la sensación de falta de aire que caracteriza una crisis de ansiedad.
Además, en un contexto como es el programa, donde las emociones se amplifican y la exposición es extrema, este impacto se multiplica. Así que el llanto, el temblor, la dificultad para respirar, esa respuesta fisiológica desbordada que tuvo Almudena y que terminó con la intervención de la ayuda médica, no son signos de debilidad, sino la prueba de que la traición amorosa puede sentirse como una agresión directa al cuerpo.
Una amarga decepción que llevó a que la concursante declarara que nuestro país iba a perder la fe en el amor después de ver aquello. Por suerte, ese peso no recae sobre los hombros de Almudena, ni de ninguna otra mujer. Nadie muere de un corazón roto, pero, como Almudena nos mostró, duele mucho.
