Publicado: junio 9, 2026, 1:30 pm
Un día después de que un terremoto de magnitud 7,8 azotara el sur de Filipinas, los equipos de rescate trabajan este martes inspeccionando los edificios en ruinas para asegurarse de que nadie continúe atrapado. El seísmo ha dejado por el momento al menos 37 muertos, cerca de 500 heridos y 32.000 desplazados, la mayoría de los cuales huyeron a refugios de emergencia. Sobre los desaparecidos, solo cuatro personas figuraban en los registros oficiales, aunque la Oficina de Defensa Civil reconoció que las infraestructuras dañadas debían ser inspeccionadas minuciosamente en busca de posibles supervivientes o víctimas. El terremoto es el más fuerte que se produce en la región desde 1976, con una magnitud de 8,1, y solo lo iguala un seísmo ocurrido en 1990.
El terremoto, cuyo epicentro se localizó frente a las costas de Mindanao, la segunda isla más poblada de Filipinas, desató una alerta de tsunami tanto en el archipiélago como en la costa sureste de Japón. Muchas personas que abandonaron sus hogares temían un tsunami. Finalmente, estas predicciones no se cumplieron puesto que en Filipinas se registraron olas de hasta 1,4 metros por encima del nivel de la marea, pero los únicos daños causados fueron en seis chozas de una aldea costera. Olas de menor tamaño llegaron a las costas de Indonesia, Palaos y el sur de Japón.
Uno de los territorios más afectados es General Santos, una ciudad portuaria de más de 700.000 habitantes clave en la exportación de atún, donde al menos 13 personas murieron al derrumbarse edificios y por la caída de escombros. El seísmo también provocó un deslizamiento de tierra en Glan, un municipio de la provincia de Sarangani, que causó la muerte de 13 aldeanos, informó René Punzalan, un funcionario provincial de mitigación de desastres, a la cadena de radio local DZBB. A esa cifra habría que sumarle al menos otros cinco aldeanos fallecidos en Sarangani, según Rafaelito Alejandro, de la Oficina de Defensa Civil.
En base a una evaluación inicial del gobierno, unas 2.500 viviendas y 117 edificios e instalaciones gubernamentales resultaron dañados en varias provincias. El aeropuerto internacional de General Santos ha permanecido cerrado por segundo día consecutivo tras la tragedia, lo que obligó a cancelar 63 vuelos nacionales.
Las autoridades filipinas tienen una ardua labor por delante. En las provincias afectadas se deben evaluar alrededor de 6.000 edificios de escuelas públicas antes de que se puedan reanudar las clases. Este lunes, cuando ocurrió el sismo, era el primer día de clases en todo el país después de las vacaciones de verano. Las autoridades han advertido que los edificios que sufrieron grietas podrían derrumbarse debido a las réplicas, algunas de ellas peligrosamente potentes. «No podemos forzar la reapertura inmediata de las escuelas porque tenemos que garantizar la integridad de los edificios», declaró Rafaelito Alejandro.
El terremoto más fuerte en Filipinas desde 1976
El director del Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología, Teresito Bacolcol, ha afirmado que el epicentro del seísmo se originó en el mar, concretamente fue provocado por un movimiento en la fosa de Cotabato. El directo ha declarado que el temblor fue el más fuerte desde que la misma depresión submarina desencadenara un terremoto de magnitud 8,1 que generó olas de tsunami el 17 de agosto de 1976.
Según Bacolcol, unas 8.000 personas murieron a causa del terremoto de 1976 y del tsunami, cuyas olas alcanzaron entre 8 y 10 metros de altura y que arrasaron varias ciudades y provincias. El instituto sismológico filipino tenía previsto conmemorar en agosto el aniversario de dicha tragedia instalando marcadores para recordar a las ciudades y pueblos vulnerables la necesidad de mantener una vigilancia constante, según declaró Bacolcol a la agencia de noticias AP. Otro terremoto ocurrido en 1990, que también tuvo una magnitud de 7,8, dejó más de 1.000 muertos, miles de heridos y causó cuantiosos daños en las provincias y ciudades del norte.
Lo cierto es que esta situación no es nueva en el país, Filipinas suele verse afectada por terremotos y erupciones volcánicas debido a su ubicación en el «Anillo de Fuego» del Pacífico, un arco de fallas sísmicas que rodea el océano. El archipiélago también se ve azotado cada año por unos 20 tifones y tormentas tropicales, lo que lo convierte en uno de los países más propensos a los desastres del mundo.
