En Centroamérica y El Caribe, los índices y garantías de libertad son tan fluctuantes como el mismo clima en la región tropical. Así como hay países considerados «libres» —con condiciones soleadas, con brisa fresca en los que se está muy bien y pareciera que se … vive un confortable verano perpetuo—, hay otras naciones con condiciones infernales y extremas, consideradas «no libres» y que caen en picadas en el índice de Freedom House, una organización sin fines de lucro con sede en Washington DC, conocida por su labor de defensa política en torno a cuestiones de democracia, libertad política y derechos humanos.
El informe Libertad en el Mundo se compone de calificaciones numéricas y textos descriptivos de apoyo para 195 países y 13 territorios. Analistas externos hacen una evaluación sobre 100 puntos —mientras más cerca de 100, mejores—, utilizando una combinación de investigación sobre el terreno, consultas con contactos locales e información de artículos de noticias, organizaciones no gubernamentales, gobiernos y una variedad de otras fuentes. El reporte ofrece un análisis por país de su proceso electoral, pluralismo político y participación, el funcionamiento del gobierno, la libertad de expresión y de creencias, los derechos asociativos y organizativos, el estado de derecho y la autonomía personal y los derechos individuales.
Primavera: los paraísos libres
Costa Rica, Panamá, y Belice forman el triángulo de la libertad en la región. Las tres naciones tienen calificaciones que superan los 80 puntos sobre 100. El líder de la región es Costa Rica —con una puntuación de 91 puntos sobre 100— que se mantiene con un envidiable 91/100 y goza de la etiqueta de «país libre». El país mantiene su fama de ser una nación estable, democrática y libre. Y es que Costa Rica, según el reporte, «tiene una larga historia de estabilidad democrática, con un sistema político multipartidista y rotaciones regulares del poder a través de elecciones creíbles». Esto, a pesar de que los presidentes costarricenses a menudo han estado implicados en escándalos de corrupción y el actual, Rodrigo Cháves, suma más de una decena de denuncias por su presunta implicación en casos de corrupción. Ahora bien, el informe alerta sobre la espiral de violencia relacionada con el tráfico de drogas y el crimen organizado que está aumentando considerablemente, con un promedio de 800 a 900 homicidios anuales; una tasa de 17,2 por cada 100.000 habitantes que hasta hace unos años era impensable en esta nación.
El caso de Panamá, es parecido, pues la situación de la libertad se mantiene estable, sobre todo a pesar de que los panameños estrenan un nuevo gobierno —de José Raul Mulino, conservador— tras unas masivas protestas que en 2023 dividieron al país ante un presidente debilitado y narrativas antiempresariales que provocaron la suspensión temporal de la mina Cobre Panamá, que contribuye al 5% del PIB del país. Pero la calificación de 83/100 no solo es buena, sino envidiable para otros vecinos regionales. «Las instituciones políticas de Panamá son democráticas, con elecciones competitivas y rotaciones ordenadas del poder. En general, se respetan las libertades de expresión y asociación«, reza el informe.
Al triángulo de la libertad se une Belice —un país que suele ser olvidado en los reportes globales por ser poco conocido en la región— sorprende con una calificación altamente positiva: 88 puntos sobre 100. Freedom House señala que Belice es «una democracia que ha experimentado rotaciones regulares de poder a través de elecciones competitivas» en donde «las libertades civiles se respetan en su mayoría». Aunque, los expertos sugieren que el Gobierno de Johnny Briceño, el primer ministro desde el 12 de noviembre de 2020, no ha logrado mejorar la percepción de corrupción gubernamental, ni reducir la alta tasa de delitos violentos — 21,7 por cada 100,000 habitantes—, así como la trata de personas dentro de las fronteras del país.
Verano infernal: el triángulo sin libertad
Las dictaduras y la violencia son los ingredientes perfectos para conformar el triángulo en donde la libertad no es, ni ha sido por décadas, una opción. La dictadura cubana y nicaragüense y el Estado fallido de Haití han fracasado en asegurar la libertad para sus castigados ciudadanos. Por ejemplo, en Haití, la espiral de violencia y el gobierno fantasma le han conseguido una puntuación de 20 puntos sobre 100. La violencia criminal continúa afectando los derechos políticos y las libertades civiles de la isla, que experimentó una de las mayores caídas en la puntuación del año. La escalada de ataques por parte de una compleja serie de bandas fuertemente armadas ha llevado al país a un estado de desorden político; solo en Puerto Príncipe hay unas 20 pandillas diferentes, que controlan alrededor del 85 por ciento de la ciudad, y más de 4.500 personas han muerto y 700.000 fueron desplazadas como resultado directo de la violencia relacionada con las pandillas.
El régimen dictatorial en el que está sumida Nicaragua sigue deteriorando cualquier tipo de medición que se haga sobre el país. Ya sea niveles de corrupción, respeto a los derechos humanos, o, como en este caso, el Índice de Libertad. El país ha caído 2 puntos desde su última medición: en 2023 tenía 16/100 y para 2024 ostenta un ínfimo 14/100, posicionándose como uno de los países menos libres del mundo.
Pero la isla cubana es la que muestra el peor resultado de la región: 10 puntos sobre 100. Calificada como «no libre», lleva esta etiqueta sobre los hombros, a pesar de que el régimen haya pasado de estar en manos de los hermanos Castro a Miguel Díaz-Canel. «El estado comunista de partido único de Cuba prohíbe el pluralismo político, prohíbe los medios de comunicación independientes, reprime la disidencia y restringe severamente las libertades civiles básicas», atestigua el reporte de Freedom House. Y es que el Gobierno cubano sigue dominando las conexiones a intenet, mantiene su política aislacionista de occidente y controla la economía a pesar de las recientes reformas que permiten cierta actividad del sector privado,
Un invierno incomprendido
El Salvador de Nayib Bukele es uno de los países que más puntos ha caído en esta escala. Pasó de un 53 sobre 100 en 2023 a un 47 sobre 100 en 2024. La caída de 6 puntos se da justo en el año en que Bukele inicia un segundo —y polémico— mandato tras haber sido reelecto a pesar de la prohibición constitucional. El Salvador ha experimentado la tercera mayor caída de puntuación a nivel mundial en los últimos 10 años. «El Estado de derecho ha sido demolido cuando las autoridades, bajo un estado de excepción, llevaron a cabo ejecuciones extrajudiciales y encarcelaron a decenas de miles de personas sin el debido proceso», describe Freedom House y sugieren que Bukele también «ha consolidado su poder purgando el poder judicial, instalando a personas leales en los tribunales más altos y cambiando las reglas electorales para favorecer a su partido político«. El Salvador registró la segunda mayor disminución de la libertad del año a nivel mundial. Cabe destacar, sin embargo, que es el presidente con mayores índices de popularidad del continente, con alrededor del 83% según la última encuesta de CID Gallup en enero pasado.
Aún así, y a pesar del panorama autoritario que pinta Freedom House, los números salvadoreños son parecidos a los de Guatemala y Honduras, ambos con 48 puntos sobre 100. Guatemala mejoró por dos puntos su calificación y aunque su perspectiva hacia l libertad es positiva, todavía no es catalogado como un «país libre» según el reporte. Honduras, en cambio, permanece estancada sin superar la nota de 50 puntos. El país, bajo el Gobierno de Xiomara Castro —y un fuerte mando de su esposo, el expresidente Manuel Zelaya— no parece mejorar en sus índices de libertad de expresión. En las últimas semanas, marcadas por aires electorales, los allegados del partido oficial, LIBRE, han lanzado duras acusaciones contra la prensa, acusándola de mentirosa y amarillista.