Publicado: mayo 23, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/abc-viaja-zona-amortiguacion-creada-israel-sur-20260521034311-nt.html
«¿Estas personas forman parte de su organización?», pregunta el capitán italiano de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (Finul) a Fouad Abou Nader, presidente de la ONG Nawraj, señalando unos 50 vehículos en la entrada de la zona de … amortiguación.
Abou Nader responde sin dudar: «Son de los nuestros». En realidad, desconocía que estos cristianos libaneses de Rmeich, Ain Ebel y Debel se encontrarían reunidos en ese lugar. Abou Nader iba a entregar ayuda humanitaria discreta, con un solo camión con leche para los bebés y artículos de primera necesidad. Pero se le unieron medio centenar de vehículos de vecinos de la zona que, al enterarse de que iba a viajar a los pueblos aislados del sur del Líbano protegido por la Finul, aprovecharon la oportunidad para llegar hasta allí con víveres para sus habitantes.
Abou Nader llevaba un mes intentando llegar a estas comunidades completamente aisladas. La primera vez, el viaje fue cancelado a las tres de la madrugada por el «Mecanismo» –el comité encargado de supervisar el cumplimiento del alto el fuego–, que, sin embargo, había otorgado las autorizaciones necesarias. Se reprogramó varias veces. Hace una semana, Abou Nader y su equipo llegaron a Tiro. Allí, la escolta de la Finul no se presentó, alegando que ese día no se iba a garantizar la protección de ningún convoy. No obstante, se contaba con la autorización previa.
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Nathalie Duplan
Esta vez, el viaje se pospuso y se reprogramó: martes, jueves, viernes y domingo de la semana pasada. El sábado se canceló. Pero, por la noche, el «Mecanismo» y la Finul confirmaron que podía llevarse a cabo el domingo pasado. Debido a la intensidad de los combates entre Israel y Hizbolá en la zona, el convoy no pudo regresar a Beirut hasta el lunes y, desde entonces, nadie ha podido viajar a esos pueblos del sur del Líbano.
Conociendo el alto coste de cruzar la línea amarilla impuesta por los israelíes, Abou Nader no quiere abandonar a estos aldeanos que se han unido a su convoy. Reconoce que «sus camiones no transportan ayuda humanitaria, pero, si queremos que la población se quede, los negocios tienen que funcionar. Desde el comienzo de la guerra no han podido cultivar sus tierras, a pesar de que la región depende principalmente de la agricultura, en particular de los olivares, que deberán ser analizados para saber si han sido contaminados. Estas personas vendrán conmigo, aunque nos retrase, porque es la única manera que tienen de regresar a casa».
Distribución de paquetes preparados por alumnos de una escuela de Baskinta.
(N. Duplan)
Durante horas, familias esperanzadas y algo febriles han esperado bajo el sol abrasador. Charbel, de Rmeich, sostiene en brazos a su bebé de diez días. Yolla, de Debel, confiesa: «Tengo cáncer. Me están tratando en Beirut porque no hay hospitales en el sur. Pero es complicado: hay que pedir permiso para salir y luego para volver».
Yolla está con su amiga Charifa, cuyo marido también tiene cáncer y recibe tratamiento en la capital. Garios es de Ain Ebel. El joven trabaja en Bint Jbeil: «Allí todo está destruido; trabajo por internet. Durante dos meses vivimos en un piso en Beirut. Cuando supimos que pasaba un convoy, recogimos nuestras pertenencias».
En pocos minutos, siguiendo las instrucciones del capitán de la Finul, Fouad Abou Nader dirige los vehículos. A la entrada de Tiro, motocicletas y coches sin matrícula (afiliados a Hizbolá) rozan el convoy, profiriendo insultos, sabiendo que solo los cristianos pueden regresar a casa, incluso a costa de un gran riesgo personal.
Charbel, de Rmeich, sostiene en brazos a su bebé de diez días.
(N. Duplan)
En carreteras empinadas, propicias para emboscadas, el avance es lento en medio de paisajes devastados. Nada ha sido despejado ni reconstruido. Los cascos azules de la ONU descienden ocasionalmente de sus vehículos blindados para retirar los cables que bloquean el paso. Las paradas frecuentes son necesarias debido al intenso bombardeo. El denso polvo dificulta la respiración. «Los israelíes no permitirán que los chiíes se reasienten a menos que se llegue a un acuerdo», comenta Abou Nader.
Tras horas atravesando los pueblos fantasmas de Ain Baal, Qana, Siddiqine, Kafra, Haris, Haddatha y Hanine, se llega al centro de Rmeich. La vida allí parece casi normal. El convoy se dispersa. Abou Nader visita las comisarías que han seguido operativas. Cuando el Ejército libanés se retiró, movió cielo y tierra en los más altos niveles del Gobierno para conservar una presencia armada legal. Obtuvo una directiva oficial que autoriza a los miembros de las Fuerzas de Seguridad Interna (FSI) de la región a ser asignados a puestos en sus aldeas en lugar de a sus comisarías de policía habituales.
«Dicen que somos héroes porque nos quedamos en nuestros pueblos y mantenemos la escuela abierta. Ustedes son héroes porque vinieron hacia nosotros»
Josephine
Monja
En la escuela de Debel, Abou Nader distribuye paquetes preparados por alumnos de una escuela de Baskinta, en las montañas sobre Beirut, para animar y apoyar a sus compañeros del sur. La monja Josephine se emociona: «Dicen que somos héroes porque nos quedamos en nuestros pueblos y mantenemos la escuela abierta. Ustedes son héroes porque vinieron hacia nosotros».
La tarde termina. En Ain Ebel, Garios camina por las calles con una amplia sonrisa: «Todo está bien. La casa no sufrió daños». Rebecca cuestiona a Abou Nader: «Ya no puedo ir a trabajar a Tiro. Las carreteras tienen que ser reabiertas». Los estudiantes de secundaria expresan su preocupación: su escuela está cerrada y temen tener que ir a otro lugar para presentar sus exámenes de bachillerato. Fouad Abou Nader llama al Ministerio de Educación. Los estudiantes se tranquilizan al oír al interlocutor anunciar que «nos las arreglaremos. Los exámenes se realizarán en su pueblo».
Fouad Abou Nader, presidente de la ONG Nawraj.
(N. Duplan)
Los residentes saben que la situación continuará y que tendrán que buscar alternativas. Las opiniones sobre los israelíes están divididas: «Vienen a comprarme cerveza, son amables», dicen unos. «No se puede confiar en ellos, intentan convencernos para que nos pongamos de su lado», comentan otros. «Si abren la frontera, estoy dispuesto a ir a buscar trabajo allí. No nos quieren, pero nos respetan».
«Si queremos que la población se quede, los negocios tienen que funcionar. Desde el comienzo de la guerra no han podido cultivar sus tierras»
Fouad Abou Nader
Presidente de la ONG Nawraj
Los aviones de combate vuelan a baja altura. Los bombardeos continúan. El capitán de la Finul no puede garantizar el regreso del convoy. Tendrán que esperar hasta el día siguiente. Mientras cada uno hace sus propios preparativos, Fouad Abou Nader susurra: «¿Por qué tiene que sufrir así esta gente?».
