Publicado: enero 19, 2026, 9:45 pm
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Valentino Garavani ha muerto esta madrugada del lunes 19 de enero en su casa de Roma. TenÃa 93 años. El anuncio lo dio la Fundación Valentino Garavani junto a Giancarlo Giammetti, su compañero de vida y socio durante más de seis décadas. Italia … pierde al último emperador de la moda, el hombre que demostró que se podÃa competir con ParÃs sin renunciar a Roma y que convirtió un tono de rojo en patrimonio cultural.
Ludovico Clemente Garavani nació en Voghera, LombardÃa, el 11 de mayo de 1932. La leyenda cuenta que su epifania ocurrió siendo adolescente, cuando acompañó a su familia a la ópera de Barcelona. AllÃ, rodeado de decenas de mujeres elegantÃsimas vestidas de rojo, entendió el poder de ese color. Lo eligió como bandera para siempre. Pero reducir su legado a una tonalidad serÃa un error: Valentino construyó un lenguaje estético que trascendió modas, generaciones y continentes.
En 1949, con apenas 17 años, se trasladó a ParÃs. Estudió en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne, en plena posguerra, cuando los italianos no eran bien vistos en la capital francesa. Pero Valentino era, simplemente, demasiado bueno. Ganó el Woolmark Prize -el mismo premio que lanzó a Yves Saint Laurent y Karl Lagerfeld- e hizo prácticas con Jean Dessès antes de trabajar para Guy Laroche. Sin embargo, ParÃs no le bastaba. En 1959 volvió a Italia y abrió su taller de sastrerÃa en Via Condotti, Roma, a trescientos metros de la Piazza di Spagna.
En 1998 Valentino vendió su marca por 300 millones de dólares.
Roma no era ParÃs
Valentino no tenÃa en Roma la infraestructura ni la tradición de la alta costura francesa. Pero intuyó algo que pocos veÃan: la «dolce vita» romana, con sus actrices, sus aristócratas y su luz mediterránea, podÃa competir con el glamour parisino si se construÃa un lenguaje propio. Y lo construyó. En 1960, en Via Veneto, se cruzó con Giancarlo Giammetti, estudiante de arquitectura de 22 años. Fue el encuentro que cambió la historia de la moda italiana. Valentino creaba; Giammetti administraba. Juntos eran imparables. Diana Vreeland, editora de Vogue, los bautizó como «The boys».
El punto de inflexión llegó en 1962, cuando presentó su primera colección en Palazzo Pitti, Florencia. Pero el momento en que Valentino pasó de ser una importante casa de moda a sÃmbolo de una época fue en 1967, con su «Collezione Bianca». Toda en blanco. Le tocó el peor horario: el último desfile del último dÃa, cuando compradores y prensa internacional ya se habÃan marchado. Corrió la voz de que aquello no se podÃa perder. Todos se quedaron. Valentino recordó años después el miedo que sintió al eliminar el color en plena época hippie y psicodélica. Pero estaba seguro de lo que hacÃa. Fue un triunfo absoluto.
Valentino junto a Naty Abascal, musa y amiga, y el diseñador Pertegaz.
Momentos clave
Jackie Kennedy lo eligió para momentos clave: el funeral de John F. Kennedy y su boda con Aristóteles Onassis en 1968. «No tenÃamos ni idea», contó Giammetti años después. «Una mañana nos despertaron los periodistas, enloquecidos, queriendo saberlo todo sobre la boda». Jackie se convirtió en su musa no oficial. Uno de los vestidos más célebres que le hizo fue una especie de sari de satén verde menta con cristales incrustados en los bordes. Décadas después, en 2002, Jennifer Lopez lo llevó a los Oscar. Dos bellezas en las antÃpodas, pero el vestido les sentaba igual de bien. No es cosa de cualquiera.
Liz Taylor se casó vestida por él. Seis actrices ganaron el Oscar con sus vestidos: Julia Roberts, Jessica Lange, Cate Blanchett, Sophia Loren, Mercedes Ruehl, Jessica Tandy. Valentino encarnaba el sueño en todo: desde cómo se ponÃa una mesa -escribió un libro sobre ello- hasta sus desfiles, que siempre cerraba saliendo impecable, con un brazo en alto saludando al público. Organizaba fiestas legendarias en su château cerca de ParÃs. Daba igual que fueran en honor de Gwyneth Paltrow o de Kim Kardashian: siempre eran perfectas.
SÃmbolo del Made in Italy
Lo que hizo Valentino por Italia fue más que coser vestidos hermosos. Fue un gran sÃmbolo del Made in Italy. Cuando empezó, la moda italiana todavÃa se veÃa como industria de provincias frente al dominio francés. Valentino eligió ParÃs como su base -tenÃa sede en Place Vendôme- porque era, según sus propias palabras, «el más francés de los creadores italianos». Pero nunca renunció a Roma. Trabajó toda su vida en Palazzo Mignanelli, rodeado de sus carlinos, sus perros inseparables que se convirtieron en otro de sus emblemas junto al rojo.
En 1998 vendió su marca por 300 millones de dólares, pero siguió al frente del diseño. En 2002, cuando el grupo Marzotto adquirió la firma, él y Giammetti conservaron sus puestos. En 2006 recibió la Legión de Honor en ParÃs y participó con un cameo en «El Diablo viste de Prada» junto a Meryl Streep.
Valentino posa con las modelos tras el desfile de la alta costura de primavera/verano 2008 en ParÃs.
En 2007 anunció su retiro. Para su despedida, que coincidió con los 45 años de la marca, eligió Roma. Tres dÃas espectaculares: una fiesta frente al Coliseo, una exposición en el Ara Pacis y un desfile de alta costura que, sorprendentemente, no cerró con un vestido rojo sino con una secuencia de vestidos rosa sublimes.
La amargura de aquel momento el público la descubrió en 2009, con el estreno de «Valentino: The Last Emperor», documental de Matt Tymauer que siguió a Valentino y Giammetti durante su último año. Giammetti recordó después cómo temÃan que el público se riera de ellos o criticara su relación. Nada de eso. La ovación interminable en el estreno de Venecia se repitió en todo el mundo.
Valentino acertó también al señalar a quién debÃa sucederle: Pierpaolo Piccioli y Maria Grazia Chiuri, que llevaban años trabajando en los accesorios de la casa. Colección tras colección, llevaron la firma a una segunda juventud. En 2015, Chiuri se fue a Dior; Piccioli continuó solo hasta hace poco. Que dos de las voces más importantes de la moda actual sean «criaturas» suyas es prueba de su olfato.
Una de las escenas más hermosas ocurrió en julio de 2019, en ParÃs, al final del desfile de alta costura de Piccioli. Valentino y Giammetti estaban en primera fila, junto a Celine Dion y Naomi Campbell. Cuando Piccioli salió a saludar rodeado de las costureras del atelier -muchas llevaban décadas en la casa, algunas desde adolescentes-, todas corrieron a abrazar a Valentino en cuanto lo vieron entre el público. La alegrÃa era incontenible. El maestro tenÃa lágrimas en los ojos.
Hasta el final se mantuvo firme en algo: su rechazo a las influencers, que a su juicio «proponen elecciones ridÃculas y difunden el mal gusto». Valentino creÃa que las mujeres querÃan ser bellas. Esa fue su visión desde 1959 hasta 2007. Y ellas lo entendieron, por eso lo colocaron en el Olimpo desde sus inicios.
