Publicado: febrero 7, 2026, 11:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/tercera-tailandia-busca-abrirse-camino-urnas-20260207182855-nt.html
Dos décadas lleva Tailandia arrastrando una cadena de elecciones y alzamientos, aristocracia y militares, pero con cada paso de esta penitencia las quejas de la sociedad civil sometida por unos y otros se oyen un poco más alto. Así, los ciudadanos acuden este domingo a … las urnas con la pretensión de alumbrar, si se lo permiten, esa tercera Tailandia casi neonata.
Ya saben estos, no obstante, que una victoria electoral solo supone el principio. En las últimas elecciones, celebradas en mayo de 2023 tras nueve años de Junta Militar, Hacia Adelante se impuso con claridad llevándose el 37,99% de los votos. Esta plataforma reformista, surgida tras las protestas estudiantiles de 2020, pretendía limitar los poderes del Ejército y la monarquía, pero un Senado no representativo bajo control militar bloqueó su investidura y el Tribunal Constitucional acabó imponiendo su disolución como ya sucediera con la agrupación original, Futuro Adelante, cuatro años antes.
Acto seguido, la Junta y el clan Shinawatra se conjuraron para interrumpir el alumbramiento con un pacto contra natura entre enemigos acérrimos que permitió el regreso del jerarca, Thaksin, tras quince años en el exilio y colocó al país en manos de su hija Paetongtarn –previa tentativa del magnate Srettha Thavisin–.
El acuerdo implosionó el pasado mes de agosto, con la filtración de una llamada telefónica de la primera ministra con el dictador camboyano Hun Sen durante el conflicto fronterizo que provocó su destitución. Un mes después, Thaksin volvía a la cárcel tras la reapertura del proceso judicial en su contra.
Tomó entonces las riendas Anutin Charnwirakul, líder de la formación Bhumjaithai, más oportunista que conservador y famoso por su caótica legalización de la marihuana. Lo hizo gracias al apoyo de la tercera reencarnación de Futuro Adelante, ahora Partido Popular, que exigió a cambio la convocatoria de elecciones en cuatro meses y la apertura del proceso de reforma de la Constitución.
Un juego a tres
El drama político, por tanto, desemboca en la cita de este domingo. Lo único que se mantiene intacto son las reclamaciones de apertura política, acaso intensificadas, por eso el Partido Popular sigue siendo el favorito. La desaparición de Hacia Adelante inhabilitó también a su líder, Pita Limjaroenrat, joven telegénico formado en Harvard, por lo que ahora encabeza la lista Natthaphong Ruengpanyawut, también joven a sus 38 años, ingeniero de software y gestor de una empresa de servicios digitales en la nube. El pueblo tailandés «no tolerará otro intento de ignorar los resultados electorales», vienen advirtiendo en campaña los portavoces populares.
El primer ministro en funciones, sin embargo, confía en sus posibilidades de defender su posición. El Bhumjaithai fue la tercera fuerza en los últimos comicios pero Anutin, hábil jugador entre líneas ideológicas, supo maximizar sus cartas: primero sumándose a la coalición de los Shinawatra, después abandonándola en el momento preciso para provocar su caída y abalanzarse sobre la vacante. Juega a su favor el repunte del nacionalismo ante los enfrentamientos con Camboya, que modera las demandas reformistas, y la previsible necesidad de sumar fuerzas.
Queda como tercero en discordia el Pheu Thai, el partido de las Shinawatra que durante décadas han dominado el país en parte, pero las elecciones en su totalidad: en 2023 quedaron segundos, algo que no sucedía desde 2001. Hoy, en cambio, el Pheu Thai queda reducido a una fuerza accesoria pero familiar, comandada por el novato Yodchanan Wangsawat, sobrino de Thaksin y primo de Paetongtarn.
¿Cambiar la Constitución?
Ahora bien: el porvenir se disputa también en otra votación. Este domingo los tailandeses responderán a una segunda pregunta: «¿Cree usted que debería haber una nueva Constitución?». Una puerta abierta, aunque discrecional, a reformar la Carta Magna impuesta por la Junta Militar en 2017. Las aspiraciones atañen en particular a la Sección 2, que establece el papel de la monarquía. Quizá sea esa respuesta la que acabe por permitir que, como se presupone en democracia, lo que sucede en las urnas no sea irrelevante.
