Publicado: noviembre 28, 2025, 9:45 pm
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Solo la presión y el calor correcto, en un proceso de millones de años, pueden cristalizar un trozo de carbono hasta convertirlo en la que será la piedra más dura y más brillante de todas: el diamante, o al menos hasta hace unas décadas. … Su perfección, su brillo y su tamaño son proporcionales a su valor, a menudo se han subastado grandes diamantes de belleza incalculable cuyo precio ha alcanzado cifras astronómicas. Y es que, a lo largo de la historia los diamantes han sido símbolo inconfundible de lujo y ostentación, tan solo accesible a unos pocos.
Se forman a partir del carbono cristalizado bajo altas temperaturas y presiones en el manto terrestre a uno 150 o 200 kilómetros de profundidad. Su dureza y brillo lo convierten en una de las piedras más apreciadas en la joyería, caracterizados por su aspecto transparente e incoloro, ¬-aunque también pueden presentar diferentes tonalidades como el amarillo, rosa o azul-, su formación le lleva a la naturaleza miles de años, pero en las últimas décadas el hombre se ha empeñado en imitar el proceso en laboratorios reduciendo los tiempos a unas cuantas semanas y logrando, a simple vista, un diamante «artificial» difícil de diferenciar.
«Los diamantes de laboratorio, también llamados diamantes sintéticos o cultivados poseen la misma composición química, estructura cristalina, similares propiedades ópticas y físicas que los diamantes naturales, pero se producen artificialmente en un entorno controlado», explica Almudena Gómez, Directora del Laboratorio de Análisis y Certificación del Instituto Gemológico Español (IGE).
En el laboratorio
Los procesos para originar estas nuevas piedras, reproducen, con la ayuda de la tecnología, las características que permiten que se originen en la tierra. Existen dos métodos principales de síntesis, por un lado el HPHT (High Pressure, High Temperature) que imita las condiciones naturales de formación en el manto terrestre, aplicando alta presión y temperatura sobre un pequeño cristal de carbono; por otro, el CVD (Chemical Vapor Deposition) que deposita vapor de carbono sobre una base de diamante (semilla), haciendo crecer el cristal capa por capa en condiciones de baja presión. Así, se consigue reproducir en apenas un mes el proceso por el que la naturaleza genera un diamante a lo largo de unos 1.000 años. «Ambos tienen la misma composición química (carbono puro) y estructura cristalina (cúbica), y su apariencia es muy similar, sin embargo, se diferencian en sus inclusiones típicas: minerales naturales en los naturales, metálicas o patrones de crecimiento en los sintéticos», cuenta Almudena Gómez. La experta hace hincapié en que estas nuevas piedras requieren además de un análisis gemológico especializado para distinguirse o lo que es lo mismo, distinguirlos a simple vista es prácticamente imposible sin ayuda de un ojo experto.
Marilyn Monroe con joyas con diamantes
Cuestión de precio
El hecho de que su proceso de producción sea transparente y genera poca huella ecológica también ha contribuido a su popularización, aunque los expertos coinciden en que la razón principal de su demanda reside en el precio. «Los diamantes creados en laboratorio suelen tener un precio entre un 50 % y un 70 % inferior al de un diamante natural con características equivalentes (color, pureza y talla)«, cuenta Elena Vicente, gemóloga experta en diamantes y fundadora de Evivid, un atelier de alta joyería. »Esto permite realizar joyas con diamantes de mayor tamaño o diseños más elaborados sin aumentar tanto el coste final«, cuenta la experta. Sin embargo, la ausencia de una referencia de mercado consolidada hace que distintas empresas puedan fijar precios muy diferentes para diamantes con características similares, especialmente cuando no se aportan certificados gemológicos fiables y «existe el riesgo de confusiones entre diamantes naturales y de laboratorio si las piedras no se certifican adecuadamente», afirma la fundadora de Evivid.
En la joyería
Anillos de la colección ‘Octagon’ de Swarovski
Puede que en la pasada década ni siquiera se mencionara su existencia, pero lo cierto es que, según la consultora Morgan Stanley, en 2024 los diamantes de laboratorio representaron un 15% de las ventas de diamantes totales. El quilate, que equivale a 0.2 gr, es la unidad de peso estándar con la que calcular el peso de las distintas gemas, así, mientras un diamante sintético de un quilate puede costar alrededor de 3.000 euros, un diamante natural equivalente puede superar los 8.000 euros, según los expertos de Celinni, una joyería especializada en la venta de diamantes desde 1967.
Tous es una de las firmas nacionales que cuenta con diamantes de laboratorio en sus colecciones con piezas que partes desde los 179 euros . Para esta Navidad, Swarovski ha anunciado el lanzamiento de Octagon, una nueva colección de diamantes creados por la propia firma que giran en torno a un corte exclusivo con el que, además de celebrar sus 130 años de historia, muestran su apuesta por trabajar con este tipo de piedras tal y como se hace en la alta joyería y con independencia de su origen, para sacarle el máximo rendimiento estético. Una pulsera de esta colección con un diamante de 0,5 quilates se vende por 1.300 euros. Desde 2024, en el ‘Lab Grow Diamond’ de Pandora se cultivan, tallan y pulen diamantes utilizando energía 100 % renovable. Como resultado, la creación de un diamante de esta marca «emite aproximadamente 9,17 kg de carbono por quilate, ya sea tallado o pulido, generando una huella de carbono aproximadamente un 95 % menor que la de un diamante extraído del mismo tamaño», cuentan desde la marca.
Por su parte, el segmento del lujo ha adoptado una posición más conservadora en el negocio. Marcas de alta joyería como Tiffany & Co. y Bvulgari, -del grupo LVHM-, o Cartier y Van Cleef & Arpels, – propiedad de Richemont-, continúan trabajando exclusivamente con piedras naturales.
Jennifer Lopez con collar y pendientes repletos de diamantes
¿Cómo distinguirlos?
La exclusividad, así como un certificado que confirme el origen, la pureza y el valor de un diamante de origen natural han sido siempre una garantía a la hora de la compra. Con este nuevo tipo de diamantes pasa algo parecido. « Actualmente, la metodología de certificación para un diamante de laboratorio varía, aunque algunos aún emplean la escala tradicional de las 4C (color, claridad, talla y peso), en el IGE —al igual que en instituciones como el GIA— se ha comenzado a aplicar enfoques distintos», aclara Lola Renes, del Área de Tasación de joyas del IGE. «Introducimos sistemas de clasificación más simplificados, ya que consideramos que el esquema clásico no refleja con precisión ni la naturaleza ni el valor de mercado de los diamantes creados en laboratorio», aclara la experta. «El mercado de diamantes de laboratorio está expandiéndose, pero con un perfil de valor distinto al de los naturales», cuenta. Su precio, la pureza visual y el fácil acceso son algunas de las ventajas asociadas a estos diamantes que encuentra en el público más joven a un potencial cliente movido principalmente por su precio. Aunque Renes expone que también hay desventajas relevantes que residen principalmente en su bajo valor de reventa, la pérdida de exclusividad asociada a los naturales al estar producidos en masa y que generan «cierta desconfianza entre consumidores más tradicionales».
