Enrique Grande, oncólogo: «Lo ideal sería contar con una red público-privada para tratar el cáncer» - Colombia
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Enrique Grande, oncólogo: «Lo ideal sería contar con una red público-privada para tratar el cáncer»

Enrique Grande conoce la Oncología en casi todas sus facetas. Trabajó en Pfizer, una de las grandes multinacionales farmacéuticas. Después volvió a la Sanidad pública donde se había formado como oncólogo y tras nueve años en el Hospital Ramón y Cajal fichó por el sector … privado como jefe de Oncología Médica del MD Anderson Cancer Center de Madrid. Ahora está al frente de ‘One Oncology’, un ambicioso proyecto del grupo QuirónSalud que tiene como objetivo ofrecer el tratamiento más especializado posible, con independencia del hospital en el que recale el paciente.
—En la práctica, ¿cómo cambia la asistencia del paciente con el nuevo modelo?

—El proyecto ‘One Oncology’ permite que, estés en el hospital que estés, te atienda un especialista para ese tumor en concreto. La oncología se ha ido subespecializando y el conocimiento de cada una de las patologías, de cada uno de los tumores, cada vez necesita mayor especialización. El paciente se beneficia del conocimiento del oncólogo médico y de las tecnologías, allá donde estén, dentro del grupo.
—Pero esto debería ser lo normal, que un oncólogo enviara a su paciente al médico más adecuado si él está menos especializado en ese tumor
—Sí, debería ser lo normal.

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Cristina Garrido

—¿Y por qué no se hacía?
—Bueno, esto ocurre en cualquier servicio de oncología médica, ya sea público o privado. Si te llega un paciente y no lo tratas, es como si no estuvieras a la altura. Pero hay que intentar priorizar qué es lo más importante y lo más importante es que tu paciente reciba el mejor tratamiento posible. Debe poder acceder, si es necesario, a un ensayo clínico, a una radioterapia con la mejor máquina posible o una cirugía en las manos más expertas. Que idealmente puede ser a cinco minutos de su casa, perfecto, pero si tiene que desplazarse al otro lado de la ciudad, será mejor trasladarle. No nos olvidemos que en cáncer nos estamos jugando literalmente la vida.
—Esto ahora se hace en Madrid, ¿hay posibilidad de que se amplíe el sistema de red a los hospitales que el grupo Quirón tiene en Barcelona, por ejemplo? 
—La idea es ver primero cómo funciona en Madrid y seguir expandiendo el modelo. En Barcelona, Quirón tiene grandes hospitales y algunos son muy potentes en Oncología. No lo descartamos. Pero, primero, debemos ver cómo funciona este programa piloto.
—Supongo que no habrá sido fácil limar las resistencias de los profesionales.
—Bueno, como todo cambio cultural, al principio cuesta un poco de trabajo. Hay que hacer mucha pedagogía, pero tengo la enorme suerte de trabajar con unos profesionales excelentes. Me he encontrado gente que es absolutamente colaboradora y a los que les gusta pertenecer a un proyecto más grande. Todos ganamos. Juntos somos más grandes y mejores.
—¿Cuentan con oncólogos que hacen de intermediarios, que asesoran al paciente a qué médico u hospital acudir?
—En los hospitales grandes, ya contamos con grandes expertos en cada una de las patologías. En los hospitales que no son tan grandes, lo que tenemos son oncólogos de enlace que identifican a los pacientes y, digamos, dirigen el tráfico.

«Derivamos a pacientes a otros hospitales de sanidad pública o privada si pensamos que es lo mejor para ellos»

—¿Incluso los derivan a un hospital público si así es mejor para ellos o tienen un ensayo clínico para su patología? 
—Sí, lo hacemos. Incluso los derivamos a un hospital privado de la competencia si creemos que eso es lo mejor. No solo porque se tenga un ensayo clínico. Si lo mejor para el paciente es que le vea el compañero del hospital X de la medicina pública o de otro centro la medicina privada, eso es lo que vamos a recomendar.
—Se adelantan con este proyecto a lo que marca Europa, que en la próxima década el 90% de los pacientes oncológicos se traten en centros especializados y acreditados. 
—Cierto, ya tenemos la acreditación de Comprehensive Cancer Center en la Fundación Jiménez Díaz, y nuestra red se va a organizar a través de él.
—¿Es difícil soñar con una red nacional público-privada para el tratamiento del cáncer?
—Sería lo ideal contar con ella.
—¿Y a nivel europeo?
—Eso sería más complicado. Pero en España, ¿por qué no? Tenemos un país abarcable y, en el caso de Madrid y las provincias limítrofes, merecería la pena para este tipo de patologías, como ya se hace para los trasplantes. El acceso a la innovación, el acceso a la investigación clínica supone una oportunidad más para los pacientes oncológicos. Nadie puede garantizar que el tumor vaya a responder si participa en un ensayo clínico, pero es una opción. El primer paciente que recibió inmunoterapia o una terapia dirigida no sabía si iba a responder o no, y hoy es el estándar del tratamiento de muchos de los tumores.


«La IA es imprescindible y quien se resista está perdido. Te ayuda y te minimiza los errores, aunque seas buen médico»

—En tiempos de inteligencia artificial, ¿cuánto importa el ojo clínico del oncólogo?
—El ojo clínico es clave. Es la diferencia, lo que va a marcar la diferencia con la llegada de la inteligencia artificial. La IA es imprescindible y quien se resista, está perdido. Pero estoy convencido de que el buen médico va a tener aún más valor. La IA te ayuda, te acompaña, te minimiza los errores. Yo siempre comparo esta herramienta con el navegador del coche. Yo pongo Waze para ir a mi casa. Y me dirá usted ¿es que no se sabe el camino?, claro que lo sé. Pero a veces Waze te cambia el recorrido porque hay un accidente en tu trayecto habitual. Ha visto algo que yo no he sido capaz de prever. Eso es el soporte que te da la IA, ver cosas que se pueden escapar. Yo creo que abaratará y democratizará la medicina.
—¿En qué sentido la democratizará? 
—No importará que el paciente esté en Houston, en Madrid o en Talavera de la Reina. La inteligencia artificial va a agrupar a todos los tipos de pacientes. Hará llegar una muy buena medicina al rincón más lejano del país.
—¿A usted le llegan pacientes a su consultas que previamente han consultado su diagnóstico a ChatGPT?
—Lo veo casi todos los días. El caso más extremo que he visto es el de la hija de un paciente que en una consulta me sacó el iPad y le pidió a ChatGPT qué preguntas le tenía que hacer al doctor Enrique Grande para una segunda opinión y además le contestó las respuestas. Mi versión, evidentemente, no coincidía al cien por cien con la de la IA. Pero puedo entender que se haga. Lo mejor es interpretar esos datos que da la IA y ponerlos en contexto. A veces que hay que explicar que tratamientos que propone no están aún aprobados o en su caso concreto no funcionan.
—¿Usted utiliza IA para decidir sus tratamientos?
—Sí, claro. Para mí es una herramienta más. Agiliza el trabajo, pero obviamente lo tienes que revisar porque la IA de vez en cuando alucina. Tengo experiencia suficiente para identificar la mayoría de los errores que me da la IA.

«La información hay que dosificarla y no ocultarla. A mis pacientes les digo siempre que no les voy a dar soluciones mágicas, lo único que les pido es que confíen en mí»

—¿Cómo es una primera cita con un paciente oncológico? ¿Hay un modelo de conversación, una frase hecha, que le ayuda a reducir la angustia de los enfermos?
—No sé si son frases hechas, pero siempre les digo que yo nunca, nunca les voy a engañar. Ni les voy a vender una moto, ni les voy a contar soluciones mágicas, ni les voy a decir que están curados. Lo único que les prometo es que voy a intentar hacer todo lo posible para que vivan lo máximo posible con la mayor calidad de vida posible y que confíen en mí. Hay que dosificar la información y no ocultarla. Contar que un porcentaje de casos no sale bien, que el tumor aprende la manera de escaparse… Eso es, a la vez, lo más bonito y lo más aterrador de mi especialidad.

Publicado: mayo 23, 2026, 10:15 pm

Fuente de la noticia : https://www.abc.es/salud/enrique-grande-oncologo-ideal-contar-red-nacional-20260516020148-nt.html

Enrique Grande conoce la Oncología en casi todas sus facetas. Trabajó en Pfizer, una de las grandes multinacionales farmacéuticas. Después volvió a la Sanidad pública donde se había formado como oncólogo y tras nueve años en el Hospital Ramón y Cajal fichó por el sector privado como jefe de Oncología Médica del MD Anderson Cancer Center de Madrid. Ahora está al frente de ‘One Oncology’, un ambicioso proyecto del grupo QuirónSalud que tiene como objetivo ofrecer el tratamiento más especializado posible, con independencia del hospital en el que recale el paciente.

—En la práctica, ¿cómo cambia la asistencia del paciente con el nuevo modelo?

—El proyecto ‘One Oncology’ permite que, estés en el hospital que estés, te atienda un especialista para ese tumor en concreto. La oncología se ha ido subespecializando y el conocimiento de cada una de las patologías, de cada uno de los tumores, cada vez necesita mayor especialización. El paciente se beneficia del conocimiento del oncólogo médico y de las tecnologías, allá donde estén, dentro del grupo.

—Pero esto debería ser lo normal, que un oncólogo enviara a su paciente al médico más adecuado si él está menos especializado en ese tumor

—Sí, debería ser lo normal.

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  • Cristina Garrido

—¿Y por qué no se hacía?

—Bueno, esto ocurre en cualquier servicio de oncología médica, ya sea público o privado. Si te llega un paciente y no lo tratas, es como si no estuvieras a la altura. Pero hay que intentar priorizar qué es lo más importante y lo más importante es que tu paciente reciba el mejor tratamiento posible. Debe poder acceder, si es necesario, a un ensayo clínico, a una radioterapia con la mejor máquina posible o una cirugía en las manos más expertas. Que idealmente puede ser a cinco minutos de su casa, perfecto, pero si tiene que desplazarse al otro lado de la ciudad, será mejor trasladarle. No nos olvidemos que en cáncer nos estamos jugando literalmente la vida.

—Esto ahora se hace en Madrid, ¿hay posibilidad de que se amplíe el sistema de red a los hospitales que el grupo Quirón tiene en Barcelona, por ejemplo? 

—La idea es ver primero cómo funciona en Madrid y seguir expandiendo el modelo. En Barcelona, Quirón tiene grandes hospitales y algunos son muy potentes en Oncología. No lo descartamos. Pero, primero, debemos ver cómo funciona este programa piloto.

—Supongo que no habrá sido fácil limar las resistencias de los profesionales.

—Bueno, como todo cambio cultural, al principio cuesta un poco de trabajo. Hay que hacer mucha pedagogía, pero tengo la enorme suerte de trabajar con unos profesionales excelentes. Me he encontrado gente que es absolutamente colaboradora y a los que les gusta pertenecer a un proyecto más grande. Todos ganamos. Juntos somos más grandes y mejores.

—¿Cuentan con oncólogos que hacen de intermediarios, que asesoran al paciente a qué médico u hospital acudir?

—En los hospitales grandes, ya contamos con grandes expertos en cada una de las patologías. En los hospitales que no son tan grandes, lo que tenemos son oncólogos de enlace que identifican a los pacientes y, digamos, dirigen el tráfico.

«Derivamos a pacientes a otros hospitales de sanidad pública o privada si pensamos que es lo mejor para ellos»

—¿Incluso los derivan a un hospital público si así es mejor para ellos o tienen un ensayo clínico para su patología? 

—Sí, lo hacemos. Incluso los derivamos a un hospital privado de la competencia si creemos que eso es lo mejor. No solo porque se tenga un ensayo clínico. Si lo mejor para el paciente es que le vea el compañero del hospital X de la medicina pública o de otro centro la medicina privada, eso es lo que vamos a recomendar.

—Se adelantan con este proyecto a lo que marca Europa, que en la próxima década el 90% de los pacientes oncológicos se traten en centros especializados y acreditados. 

—Cierto, ya tenemos la acreditación de Comprehensive Cancer Center en la Fundación Jiménez Díaz, y nuestra red se va a organizar a través de él.

—¿Es difícil soñar con una red nacional público-privada para el tratamiento del cáncer?

—Sería lo ideal contar con ella.

—¿Y a nivel europeo?

—Eso sería más complicado. Pero en España, ¿por qué no? Tenemos un país abarcable y, en el caso de Madrid y las provincias limítrofes, merecería la pena para este tipo de patologías, como ya se hace para los trasplantes. El acceso a la innovación, el acceso a la investigación clínica supone una oportunidad más para los pacientes oncológicos. Nadie puede garantizar que el tumor vaya a responder si participa en un ensayo clínico, pero es una opción. El primer paciente que recibió inmunoterapia o una terapia dirigida no sabía si iba a responder o no, y hoy es el estándar del tratamiento de muchos de los tumores.



«La IA es imprescindible y quien se resista está perdido. Te ayuda y te minimiza los errores, aunque seas buen médico»

—En tiempos de inteligencia artificial, ¿cuánto importa el ojo clínico del oncólogo?

—El ojo clínico es clave. Es la diferencia, lo que va a marcar la diferencia con la llegada de la inteligencia artificial. La IA es imprescindible y quien se resista, está perdido. Pero estoy convencido de que el buen médico va a tener aún más valor. La IA te ayuda, te acompaña, te minimiza los errores. Yo siempre comparo esta herramienta con el navegador del coche. Yo pongo Waze para ir a mi casa. Y me dirá usted ¿es que no se sabe el camino?, claro que lo sé. Pero a veces Waze te cambia el recorrido porque hay un accidente en tu trayecto habitual. Ha visto algo que yo no he sido capaz de prever. Eso es el soporte que te da la IA, ver cosas que se pueden escapar. Yo creo que abaratará y democratizará la medicina.

—¿En qué sentido la democratizará? 

—No importará que el paciente esté en Houston, en Madrid o en Talavera de la Reina. La inteligencia artificial va a agrupar a todos los tipos de pacientes. Hará llegar una muy buena medicina al rincón más lejano del país.

—¿A usted le llegan pacientes a su consultas que previamente han consultado su diagnóstico a ChatGPT?

—Lo veo casi todos los días. El caso más extremo que he visto es el de la hija de un paciente que en una consulta me sacó el iPad y le pidió a ChatGPT qué preguntas le tenía que hacer al doctor Enrique Grande para una segunda opinión y además le contestó las respuestas. Mi versión, evidentemente, no coincidía al cien por cien con la de la IA. Pero puedo entender que se haga. Lo mejor es interpretar esos datos que da la IA y ponerlos en contexto. A veces que hay que explicar que tratamientos que propone no están aún aprobados o en su caso concreto no funcionan.

—¿Usted utiliza IA para decidir sus tratamientos?

—Sí, claro. Para mí es una herramienta más. Agiliza el trabajo, pero obviamente lo tienes que revisar porque la IA de vez en cuando alucina. Tengo experiencia suficiente para identificar la mayoría de los errores que me da la IA.

«La información hay que dosificarla y no ocultarla. A mis pacientes les digo siempre que no les voy a dar soluciones mágicas, lo único que les pido es que confíen en mí»

—¿Cómo es una primera cita con un paciente oncológico? ¿Hay un modelo de conversación, una frase hecha, que le ayuda a reducir la angustia de los enfermos?

—No sé si son frases hechas, pero siempre les digo que yo nunca, nunca les voy a engañar. Ni les voy a vender una moto, ni les voy a contar soluciones mágicas, ni les voy a decir que están curados. Lo único que les prometo es que voy a intentar hacer todo lo posible para que vivan lo máximo posible con la mayor calidad de vida posible y que confíen en mí. Hay que dosificar la información y no ocultarla. Contar que un porcentaje de casos no sale bien, que el tumor aprende la manera de escaparse… Eso es, a la vez, lo más bonito y lo más aterrador de mi especialidad.

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