Publicado: mayo 23, 2026, 8:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/cuba-miedo-esperanza-20260523023329-nt.html
«¡Ya no aguanto más!». El grito de Gabriela desgarra la noche de La Habana. Lleva 24 horas sin electricidad, los ventiladores recargables ya se han agotado, la leche huele mal, y ella está exhausta de tanto abanicar a su hija para espantarle los … mosquitos y aliviarle el calor.
«¿Cuánto tenemos que resistir? Estoy desesperada, apenas duermo, apenas puedo trabajar porque siempre estoy cansada, además de que no hay transporte. Nadie puede vivir con solo una hora de luz al día o cada dos días; tampoco tenemos agua desde hace una semana», declara a ABC.
Los cortes de electricidad en la capital cubana se han intensificado en las últimas semanas. Las autoridades de la isla han reconocido públicamente que el combustible se ha agotado.
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En 1996
Manuel Trillo
Los prolongados cortes de luz, la crisis de abastecimiento de agua potable y el aumento de la miseria generalizada han provocado protestas, fundamentalmente en La Habana. Cientos de personas aporrean sus cacerolas cada noche e incluso han salido a las calles a quemar la basura y a exigir respuestas a las autoridades. El régimen ha practicado detenciones como forma de escarmiento y mantiene la militarización.
«Hemos tratado de exigir nuestros derechos de forma pacífica, con el diálogo, pero siempre pasa lo mismo: represión», comenta a este medio un residente en San Miguel del Padrón, uno de los municipios periféricos de la capital. «Si lo pacífico no funciona, otra cosa habrá que hacer, pero la dictadura tiene que acabar. Esta situación no es culpa del bloqueo ni de Estados Unidos, sino de los Castro», añadió.
«Nadie puede vivir con solo una hora de luz al día o cada dos días; tampoco tenemos agua desde hace una semana»
Gabriela
Vecina de La Habana
En las calles de La Habana se respira un aire denso. No es solo por la acumulación de basura, el calor y la desesperación por la supervivencia diaria, sino también por el cúmulo de titulares históricos en menos de una semana.
Cuba ha comprado más de 300 drones militares a Rusia e Irán y planea usarlos contra objetivos estratégicos de Estados Unidos. En un giro histórico, Raúl Castro ha sido imputado en Estados Unidos por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. Desde la isla, el gobernante Miguel Díaz-Canel advierte sobre un posible «baño de sangre» ante cualquier intervención militar. Carlos Fernández de Cossío, el vicecanciller del régimen cubano, alerta de que «cualquier intento de utilizar» la acusación contra Castro como «excusa para una acción» militar en Cuba, «se topará con una resistencia feroz».
La Policía Nacional Revolucionaria de Cuba vigila las calles para impedir protestas.
(Efe)
A ello se suma la presencia en el Caribe, a unas millas náuticas de la costa cubana, del portaaviones estadounidense USS Nimitz. Aunque Trump negó que este despliegue busque intimidar al régimen cubano, la sola estampa del gigante gris en el horizonte reactiva los fantasmas de la Guerra Fría en una isla en la que, pese a la insistencia del régimen, las batallas ideológicas se han perdido.
La población se debate entre el pánico a un conflicto armado y la fe inquebrantable en que ocurra un cambio definitivo. «Tengo miedo y no quiero una guerra porque mi hijo está en el Servicio Militar Obligatorio», dice María Elena, maestra de primaria en Centro Habana.
«Si hay bombas o disparos, los muertos los ponemos nosotros, no los dirigentes», afirma Pedro, un chófer privado.
«Si hay bombas o disparos, los muertos los ponemos nosotros, no los dirigentes»
Pedro
Chófer privado
El régimen se sostiene en la vieja narrativa de «guerra de todo el pueblo». Miles de hombres están siendo movilizados. «Fueron a mi casa para decirme que debía estar localizable en caso de una agresión militar de Estados Unidos, les dije que conmigo no contaran, que yo no tenía nada que ver con eso», señala Ricardo. Aunque hace años que terminó en el Servicio Militar, explica que la mayoría de los hombres pasan a formar parte de las «tropas de la reserva».
También en las escuelas los niños son intimidados con una guerra. Un joven de 15 años cuenta a ABC cómo en su escuela algunos profesores les dicen que «los americanos van a invadir a Cuba y a esclavizarnos». Esta semana «nos metieron en el refugio y estaba un hombre vestido de verde dando órdenes, diciendo que podía ser que Cuba fuera bombardeada y nos hicieron cantar el himno nacional. Todos teníamos mucho miedo, después nos dijeron que había sido una falsa alarma».
«Mi niño llegó de la escuela llorando porque un profesor les dijo que los americanos nos iban a atacar y que todos, incluyendo ellos, tendrían que tomar las armas para defendernos», relató Marcia.
El impacto de la imputación a Castro
Durante generaciones, el apellido Castro ha sido sinónimo de un poder eterno, blindado e impune. Por eso, ha sorprendido a toda la población la noticia de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos haya formalizado cargos criminales contra el general de Ejército, de 94 años, por conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y asesinato.
En las filas del Partido Comunista y los partidarios del régimen se percibe el nerviosismo: si Raúl Castro, el máximo líder, puede ser juzgado, nadie en la estructura de Gaesa ni en el buró político está a salvo.
Mariela Castro Espín afirmó este viernes en La Habana que a su padre, Raúl, «nadie lo va a secuestrar». «Dicen que venían hoy (…). Vengan, los estamos esperando», agregó. Sus declaraciones se compararon con aquellas del exdictador de Venezuela. Nicolás Maduro, en las que decía «vengan por mí, cobardes».
«A Raúl nadie lo va a secuestrar. Dicen que venían hoy (…). Vengan, los estamos esperando»
Mariela Castro Espín
Hija de Raúl Castro
Entre los sectores disidentes, en la isla y en el exilio, la imputación se vive como una victoria moral largamente esperada. «Aunque lo más probable es que Raúl no responda ante la Justicia por sus crímenes, porque está muy viejo, al menos que pase sus últimos días sin poder dormir, con miedo, sabiéndose vulnerable», refirió un cubano que solicitó el anonimato.
Por otro lado, existe un temor palpable de que el acorralamiento de quienes durante décadas han aterrorizado a la población provoque una reacción violenta contra los presos políticos, los disidentes o contra aquellos que protesten en las calles.
En las últimas semanas, se han denunciado varias amenazas de muerte por parte de la Policía contra presos políticos, periodistas independientes y activistas de derechos humanos.
Esperanza entre las ruinas
A pesar del despliegue militar, las amenazas de muerte y de guerra y la incertidumbre judicial, las palabras que más se repiten entre los cubanos son «cambio» y «libertad». Es una esperanza nacida tanto de la necesidad de supervivencia como de las ansias de emancipación.
«En Cuba llevamos 67 años en guerra», afirma Ángel. «Pero una guerra de la dictadura contra el pueblo; ya es hora de que alguien nos salve de este calvario, solos no podemos«, agrega.
La miseria reina en Cuba en medio del colapso del régimen castrista.
(Camila Acosta)
El miedo es real, pero está compitiendo directamente con un factor más poderoso: el agotamiento extremo.
«El Gobierno usa el miedo a un enemigo externo para tratar de cohesionar a la gente, pero ya cada vez menos se creen ese cuento. El verdadero enemigo siempre han sido ellos, los Castro. Así que, por mí, que Estados Unidos haga lo que tenga que hacer, siempre y cuando eso suponga el fin de la agonía», sostiene Caridad. Para ella, un cambio en Cuba pasa, necesariamente, por una salida de los Castro del poder.
«El verdadero enemigo siempre han sido ellos, los Castro. Que Estados Unidos haga lo que tenga que hacer, siempre y cuando eso suponga el fin de la agonía»
También el miedo es usado contra aquellos que protestan por la falta de luz, agua o comida. «Pero el miedo se gasta, tiene límites», afirma Lázaro. «Cuando pasas tres días sin corriente y no tienes qué darle de comer a tus hijos, la amenaza del ‘baño de sangre’ te empieza a importar menos que un estómago vacío».
Entre el descontento social y las presiones externas, el poder del régimen pende de un hilo. Otros entrevistados opinan que, aunque tengan miedo a las bombas y a las bajas civiles, ansían que los americanos se lleven a los Castro como hicieron con Maduro.
En la capital de la isla se respira un aire denso, y no solo por la acumulación de basura.
(Camila Acosta)
«Este país no aguanta más; si es el precio para acabar con la dictadura, que pase lo que tenga que pasar», observa Rebeca, una doctora jubilada.
«¿Cuándo es que vienen los americanos a liberarnos?», pregunta una joven. «En mi trabajo todos estamos pendientes. ¡Falta que hace! Esto no da más. Hemos iniciado la cuenta atrás varias veces», dice con el humor negro que han cultivado los cubanos ante tantas desgracias.
Para Gabriela, el desgaste es insoportable y su niña no solo llora por el calor sino también por hambre: «Lo que quiero es que, si van a tirar una bomba, que la tiren de una vez; ya no me importa si me cae encima».
