Publicado: noviembre 29, 2025, 5:30 am
Durante años, las criptomonedas y la banca tradicional se han observado con desconfianza mutua. Unos nacieron para desafiar el sistema. Los otros, para protegerlo. Ahora, ese escenario está sufriendo un profundo cambio. Lo que antes parecía impensable empieza a convertirse en rutina. Algunos bancos, con décadas de historia y miles de clientes, han comenzado a moverse. Y no lo hacen solo porque sean los activos de moda. Lo hacen porque la presión regulatoria, la demanda del mercado y el avance de los exchanges especializados les han empujado a entrar en un terreno que hasta hace poco veían como un riesgo. O peor aún, como una amenaza.
En ese nuevo tablero, Renta 4 Banco ha sido uno de los primeros en hacer una jugada clara. El pasado 24 de noviembre anunció que ya cuenta con la autorización de la CNMV para ofrecer servicios de compraventa y custodia de criptoactivos. Es un movimiento que no solo marca un antes y un después en su estrategia digital, también lo coloca dentro del marco legal europeo más exigente hasta la fecha, el reglamento MiCA (Markets in Crypto-Assets Regulation).
Todavía no se ha activado la funcionalidad dentro de su plataforma, pero ya se sabe que estará integrada directamente en la app y la web del banco. Sin necesidad de descargar wallets externas, sin tener que acudir a terceros. Un ecosistema cerrado, pero controlado. Seguro. Con custodia institucional y bajo supervisión directa del regulador.
Mientras tanto, los exchanges siguen liderando el mercado en volumen, en variedad de tokens y en agilidad operativa. Bit2Me, por ejemplo, ya permite operar con más de 420 activos, hacer staking (generar ingresos pasivos dejando las criptos como depósito), utilizar su propia tarjeta cripto o conectarse por API (herramienta que permite conectar plataformas de forma automática para operar o gestionar activos. Todo desde la app nativa.
La banca tradicional reacciona al empuje de los exchanges
No es casualidad que la banca esté reaccionando ahora. La entrada en vigor del reglamento MiCA ha cambiado por completo las reglas del juego. Hasta hace poco, operar con criptomonedas desde España era como caminar en la niebla. Pocas normas claras, mucha incertidumbre legal y un miedo constante a que cualquier paso mal dado terminara en sanción o en titulares dramáticos. Hoy la situación es distinta. Quien tiene licencia puede jugar. Y quien no, se queda mirando.
BBVA fue uno de los primeros en explorar el terreno, aunque desde fuera. Su filial en Suiza lleva tiempo permitiendo a clientes de banca privada comprar y custodiar bitcoin y ethereum. Sin embargo, en España el enfoque ha sido mucho más prudente. Según la propia entidad, sus servicios cripto solo están disponibles para clientes cualificados, y siempre bajo petición expresa. No hay integración plena. No hay una oferta accesible para el usuario medio. Lo mismo ocurre con Santander, que a través de Openbank ha iniciado pruebas en Alemania y Suiza. El despliegue en España aún está en preparación.
Mientras tanto, otras entidades han optado por otra dirección. De momento, prefieren no pisar ese terreno. CaixaBank, Bankinter o Sabadell mantienen una posición de distancia. Algunos permiten a sus clientes acceder a productos ligados a criptoactivos, como ETPs (productos cotizados que replican el precio de criptomonedas, pero sin que el inversor tenga el activo real) o fondos, pero sin tocar el activo real. Lo hacen como quien deja abierta una puerta trasera, por si acaso la demanda crece. Por ahora, no hay señales de un salto inminente.
Lo que los exchanges ya están haciendo
Frente a este panorama, los exchanges especializados han tomado la delantera. Bit2Me, Binance, Kraken o Coinbase no solo ofrecen compraventa de criptomonedas. Han construido ecosistemas completos. Programas de fidelización, acceso a tokens emergentes, integración con Web3 (aplicaciones y servicios descentralizados donde el usuario tiene el control total de sus datos y activos), herramientas de análisis y plataformas Pro para trading avanzado.
Todo orientado a perfiles que buscan algo más que custodiar. Usuarios que quieren interactuar, participar, moverse rápido. A cambio, eso sí, de asumir más riesgo.
En el fondo, la diferencia no está solo en los productos. Está en el enfoque. La banca tradicional se mueve bajo una lógica de protección del capital. Registros internos, normativas de cumplimiento, custodias auditadas. Su modelo de negocio gira en torno a la seguridad, la estabilidad y la confianza. Lo que ofrecen es acceso regulado a un mercado nuevo, sí, pero bajo estructuras conocidas. Como invertir en criptomonedas sin salir del sistema bancario.
Los exchanges, en cambio, han nacido fuera del sistema y desde el principio han jugado con otras reglas. Más libertad, más autonomía, más herramientas. También más exposición. La posibilidad de acceder a cientos de activos, de operar en tiempo real, de mover fondos entre wallets o de interactuar con aplicaciones descentralizadas ha convertido estas plataformas en centros de gravedad para los inversores más activos.
Y al mismo tiempo que la banca avanza, se espera que la CNMV continuará emitiendo autorizaciones a nuevos proveedores. Y con cada licencia, el mapa se amplía. Ya hay neobancos que ofrecen compraventa de criptomonedas desde sus apps. N26 y Revolut, por ejemplo, permiten comprar y vender criptos como bitcoin, aunque sin acceso a claves privadas ni funcionalidades Web3. Son modelos mixtos que se ubican entre la banca tradicional y los exchanges puros.
Lo interesante ahora es observar cómo se adaptan unos y otros. Si los bancos logran integrar el mundo cripto sin perder su esencia. Si los exchanges son capaces de operar bajo regulaciones cada vez más exigentes. Y si el usuario, al final, sabrá elegir qué tipo de acceso necesita según su perfil, su estrategia y su nivel de conocimiento.
