Publicado: mayo 24, 2026, 3:00 am
Hay más distancia entre Rusia y China de la que muestran las fotos oficiales. El pasado miércoles 20 de mayo de 2026, Xi Jinping recibió a Vladímir Putin en Pekín con palabras de confianza “inquebrantable”, declaraciones contra el unilateralismo de Estados Unidos y una escenografía pensada para proyectar un bloque sin fisuras.
La visita servía para vender una alianza en máximos. Putin habló de una relación a un nivel “sin precedentes” y Xi defendió una coordinación estratégica capaz de resistir “mil pruebas”. Los dos líderes firmaron declaraciones, reivindicaron un mundo multipolar y volvieron a presentarse como contrapeso a Washington pocos días después de la visita de Donald Trump a Pekín. La política sonó compacta, pero la energía, no.
Putin abandonó China sin el acuerdo que más necesitaba, el contrato definitivo para Fuerza de Siberia 2, el gasoducto con el que Moscú aspira a sustituir parte del negocio perdido por Gazprom en Europa. Tampoco se anunció ningún acuerdo oficial de petróleo o gas tras la reunión de Pekín.
Rusia lleva años intentando cerrar ese gasoducto de unos 2.600 kilómetros para transportar hasta 50.000 millones de metros cúbicos anuales de gas desde Yamal hasta China a través de Mongolia. El Kremlin habló tras la reunión de un entendimiento sobre la ruta y la construcción, pero siguieron pendientes los detalles que importan a cualquier inversor, como el precio, el calendario y un contrato firme.
La consultora Wood Mackenzie lleva tiempo señalando que el futuro de Fuerza de Siberia 2 depende menos de la sintonía política entre Moscú y Pekín que de tres variables concretas, volumen, calendario y precio. Por su parte, S&P Global Commodity Insights señala que China puede aumentar su exposición al gas ruso por gasoducto, pero dentro de una estrategia más amplia de diversificación energética, no como una dependencia exclusiva de Moscú.
El actual Fuerza de Siberia 1 llevó a China unos 38.000 millones de metros cúbicos en 2025 y ya está cerca de su capacidad máxima, mientras que Fuerza de Siberia 2 añadiría otros 50.000 millones anuales si algún día se construye.
El motivo por el que Moscú necesita cerrar esa vía hacia China está en el mercado que ha perdido en Europa, donde Gazprom colocaba antes de la invasión de Ucrania alrededor de 150.000 millones de metros cúbicos de gas al año y obtenía una parte esencial de sus ingresos exteriores.
Esa puerta se ha ido cerrando y las exportaciones de gas por gasoducto de Gazprom a Europa se hundieron un 44% en 2025, hasta su nivel más bajo desde mediados de los años setenta.
China tampoco compra, como compraba Europa. El Ministerio de Economía ruso calcula que los ingresos por exportar gas a China serán entre un 30% y un 40% inferiores al valor de las ventas a Europa entre 2025 y 2028. Moscú necesita a Pekín para colocar el gas que ya no puede vender en Occidente, pero Pekín sabe que esa necesidad le permite exigir mejores condiciones.
China no tiene prisa
Moscú quiere cerrar un contrato de largo plazo, con volúmenes elevados, calendario estable y precios suficientemente altos para justificar la inversión en el gasoducto. Pekín, en cambio, sabe que Rusia tiene menos compradores, menos rutas alternativas y más urgencia por colocar ese gas. Por eso puede exigir descuentos, flexibilidad y condiciones más favorables antes de comprometerse.
Rusia y China ya lo intentaron hace dos años, pero el acuerdo acabó en fracaso por las exigencias de Pekín sobre el precio y el volumen del gas. China quería pagar un precio cercano al gas doméstico ruso, mucho más bajo que las tarifas internacionales, y solo estaba dispuesta a comprometerse a comprar una pequeña parte de la capacidad anual prevista de 50.000 millones de metros cúbicos.
China, además, no tiene ninguna prisa porque el gas ruso es solo una pieza más de su cartera energética. También puede importar gas natural licuado de otros proveedores, mantener sus acuerdos con Asia Central y seguir recibiendo gas por el actual Fuerza de Siberia 1.
La estrategia financiera tampoco le está saliendo gratis a Putin. Moscú presume de que el comercio con China se liquida cada vez más al margen del dólar, pero esa desdolarización no compensa la pérdida del mercado europeo ni corrige el desequilibrio de la negociación.
El mercado ya ha puesto precio a esa debilidad. Las acciones de Gazprom cayeron después de la reunión por la falta de avances en Fuerza de Siberia 2 y por la decisión de la compañía de no pagar dividendo con cargo a 2025. La capitalización de Gazprom ronda los 40.000 millones de dólares, muy lejos del objetivo de 1 billón de dólares que la empresa llegó a plantearse en 2008.
Para el Kremlin, vender fuera del dólar es una victoria política. Para sus cuentas públicas, lo decisivo sigue siendo cuánto gas logra colocar y a qué precio.
