¿Es viable la caficultura colombiana?

Con la libra del grano cotizándose por debajo de 1 dólar, los productores le piden al gobierno apoyos vía precio y un incentivo para la renovación de cafetales, unas políticas que fueron criticadas por la última Misión Cafetera.

“No más papá Estado para el mundo cafetero", dijo la última Misión Cafetera que atribuyó la crisis a la baja productividad del sector.

20 de febrero de 2019

Hace 27 años, en una visita relámpago al país, el economista alemán Rudi Dornbusch dijo que “ni los consumidores de Estados Unidos ni los del resto del mundo tenían por qué subsidiar a los caficultores colombianos o a cualquier otra economía cafetera”, confirmando lo que para entonces ya era un hecho: el fin del Pacto Cafetero 3 años antes.

Herencia de la Guerra Fría, el pacto de cuotas fue un instrumento político promovido por Estados Unidos y sus aliados, “con el fin de mantener a los productores en la órbita de occidente y así evitar que se diseminaran las revoluciones comunistas en los países del tercer mundo, los cuales eran en gran parte productores de café”, según explica el libro “90 Años, Vivir el Café y Sembrar el Futuro”.

Pero, con la caída del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética las cosas cambiaron. En el caso de los cafeteros, un ex gerente de la Federación (de Cafeteros) señaló años después que “de un día para otro quedaron disponibles en el mercado unos 25 millones de sacos del grano”. Y ya para 1990, el café colombiano se pagaba a US$0,69 la libra.

Casi tres décadas después, el precio se encuentra nuevamente por debajo de US$1 la libra en la Bolsa de Nueva York. Ayer mismo, el gremio hizo un llamado al Gobierno nacional e insistió “a la industria global en la necesidad de adoptar medidas urgentes en favor de los caficultores y de los 25 millones de familias productoras que viven del grano en el mundo”.

En el caso del gobierno colombiano, el Comité de la Federación le pidió trabajar “de forma inmediata de la mano de la Federación para encontrar soluciones estructurales a la difícil situación que viven los cafeteros del país y que impacta directamente la economía nacional y las condiciones sociales de más de 500 mil familias cafeteras y más de 3,5 millones de personas que viven del café”.

En concreto, piden apoyos vía precio y un incentivo para la renovación de cafetales, así como buscar alternativas en el tema de fertilización, actividad clave para mantener sanos y productivos los cafetales.

En un momento en el que el gobierno enfrenta restricciones de tipo fiscal, no es claro qué tipo de ayudas pueda ofrecer en esta oportunidad cuando en agosto del año pasado otorgó $100.000 millones en auxilios directos al precio interno del café”.

De hecho, a finales del año pasado, Duque hizo un llamado a los países productores de café en América Latina para trabajar conjuntamente en busca de un mercado mundial transparente y con precios justos para los productores del grano de la región. “Necesitamos que el mercado mundial de café se base, como cualquier mercado, en la transparencia y en las condiciones específicas de cada producto”, dijo al intervenir en el 86° Congreso Cafetero.

¿Es viable la caficultura colombiana en las actuales condiciones de mercado? Hace cinco años, Juan José Echavarría, director de la Misión Cafetera que creó el gobierno Santos con el fin de analizar la situación del sector, dijo crudamente: “No más papá Estado para el mundo cafetero. La Federación es un exportador ineficiente que utiliza su poder oligopólico para fijar un precio bajo de compra de café”, dijo el actual gerente del Banco de la República.

“Colombia perdió su participación en el mercado mundial cafetero, pues pasamos de exportar el 18% de ese mercado, a comienzos de los 90, a solo 8% hoy (2015). Para recuperar nuestra antigua participación, deberíamos exportar 25 millones de sacos, en lugar de los 12 millones que hoy vendemos en el exterior”, explicó Echavarría, al atribuir la crisis al estancamiento de la productividad de la industria en los últimos 20 años. En contraste, la productividad aumentó dramáticamente en Vietnam y Brasil, y en menor medida en Perú, Honduras, Nicaragua, India e Indonesia, explicó.